La falta de Competitividad Agraria es sólo la punta del iceberg; ojalá sólo se tratara de poner salvaguardias en los TLCs.

Un ejercicio simple para comprender la falta de competitividad en el agro que es la responsable de las pésimas circunstancias para las que los campesinos están reclamando soluciones, que se supone que se tuvieron en cuenta para abrir las fronteras para los TLCs, lleva a las siguientes consideraciones:

Por el lado de los precios en el mercado interno, serán condicionados por oferta y demanda, pero el límite inferior deberían ser los precios más bajos a los que puedan llegar los productores extranjeros o los precios más bajos a los cuales los locales puedan vender. Por el lado de los precios en el extranjero, opera por analogía la misma condición, pero inversa. Quitando los efectos de una demanda mayor a la oferta, en los cuales los precios subirán por encima de los precios mínimos a los cuales los productores tanto locales como extranjeros estarían dispuestos a vender en el mercado, los costos son los determinantes para establecer las condiciones de competencia entre los locales y los extranjeros.

Los costos de los extranjeros son sus costos de producción más todos los costos de traer los bienes hasta aquí, si se trata del mercado local. Al igual, pero al revés, si se trata del mercado en el extranjero. Los costos de producción dependen a su vez de los costos de los insumos, de la tierra, y de su productividad. Los costos de llegar al mercado, son los de la logística necesaria, que incluye transporte, almacenamiento, procesamiento, empaque, trámites y certificaciones, principalmente. El transporte a su vez incluye transporte de origen (finca) a almacenamiento, almacenamiento a puerto de origen, de puerto de origen a puerto de destino, de puerto de destino al mercado final. Los de almacenamiento pueden sumar los de acopio en origen, y el almacenamiento final en destino para garantizar la disponibilidad en el mercado; tratándose de productos del agro, en su mayoría se habla de almacenamiento en frío. El procesamiento a su vez puede ser nulo para fruta fresca por ejemplo, hasta la producción de conservas de fruta para usar el mismo ejemplo. El mercado internacional es cada vez más exigente en trámites y certificaciones para protección sanitaria y de plagas; y éstas exigencias son o deberían ser en ambos sentidos.

Habiendo establecido los principales componentes de costo, ahora sí es posible empezar a comparar ítem a ítem para comprender en qué se basa la competitividad.

Primero, vale la pena recordar que la competitividad es la habilidad de un producto y toda su cadena de suministro (desde los proveedores hasta que llega al cliente final) de ser preferido por sus consumidores o clientes finales, por la combinación entre la calidad, el precio, la disponibilidad, la confiabilidad, entre otros, y en el caso de los productos del agro, características que hacen parte de la calidad, como la frescura y la inocuidad (no presencia de venenos).

Para el siguiente análisis hay que suponer que sólo los costos son los que marcan la capacidad de competencia entre los productos extranjeros que vienen a competir aquí (desde pollo hasta arroz) como los productos locales que van a competir allá, lo cual implica que hay que asumir que son de calidad similar. Esto no es cierto, pero es un supuesto para poder comprender de qué se trata cuando los agricultores se quejan de las amenazas de los TLCs.

Si los costos de los insumos para el productor extranjero son menores, por diversos motivos como que la producción en masa es más cercana, o en su propio país, o si hay subsidios que en algunos países se usan para ayudar a sus agricultores nacionales, ahí empieza la cuenta en rojo ya que aquí no se tienen las mismas condiciones; en Colombia, según lo publicado en los últimos días, los insumos son mucho más costosos que en otros países por cuenta al parecer de los mayores precios que los productores pueden establecer por condiciones de mercado, muy libre tal vez, y porque en la cadena de distribución hay muchos eslabones o muchas utilidades en el camino.

El costo de la tierra comparativo es el siguiente elemento a tener en cuenta; seguramente la tierra en Colombia pudiera tener menor incidencia que en países desarrollados, pero podría haber sorpresas dependiendo de las zonas productoras a comparar en uno y otro país, y como asunto singular, del efecto de la violencia, incluyendo los resultantes de la tenencia de la tierra y su uso no eficiente que caracteriza el latifundio, y las nuevas formas de posesión por las armas por parte de todos los múltiples grupos por fuera de la ley, desde la guerrilla cincuentenaria hasta las nuevas formas de paramilitares y bandas sofisticadas que azotan los campos; muy posiblemente se tenga una nueva cifra en rojo para añadir al balance.

La productividad depende de muchos factores, desde el clima, el suelo, las condiciones de agua y también de la capacidad de inversión; pero depende en gran medida de la tecnología que se aplica a los cultivos que van desde el tipo de insumos, manejo de plagas y tratamiento de suelos, por mencionar algunos aspectos clave, que implican grandes esfuerzos en investigación científica y desarrollo aplicados a cada condición particular. En la productividad también está el conocimiento y experticia de los campesinos y agricultores; hay zonas en Colombia en que la dificultad de acceso, y nuevamente la violencia que ha conllevado desplazamiento forzado, hace impensable que haya siquiera la posibilidad de elevar las competencias de los campesinos, cuando su primera y muy lejana prioridad es mantenerse con vida. A juzgar por los diagnósticos compartidos por el gobierno y los conocedores del tema agrario, Colombia no ha hecho mayores progresos en la productividad comparada, y al revés se cuenta con un gran rezago en este crucial aspecto.

El agua comparte con las carreteras, el componente de infraestructura, que podríamos dar por descontado que en Colombia es un factor negativo para el agro local en comparación de otros países; pero no se entienda de las carreteras principales y los puertos, en donde hay problemas pero su impacto se ha sobre-estimado (ver artículo en Revista Anales de Ingeniería, edición 926, SCI, página 46, http://www.sci.org.co/Prensa/Revista-Anales-de-Ingenieria/Edicion-926-Conectividad-y-Competitividad.aspx), sino de las carreteras veredales y de la red terciaria, que explican por qué algunas regiones pierden las cosechas recurrentemente, y más dramático, hace inviables los proyectos de agricultura en serio, que necesariamente deben transportar insumos en un sentido y devolver productos en el otro.

No es el procesamiento, que le da valor agregado al producto, la mayor característica de la oferta en Colombia, y menos en el agro. Así que en este componente hay otro déficit en el balance comparativo con países competidores. Y finalmente, en todos los demás componentes de logística no hay por qué prever que se dispone de mejores costos, aunque si se trata de competencia en el mercado local, estos costos adversos juegan en contra de locales y extranjeros por igual. Pero no así cuando se trata de competir en el extranjero, en cuyo caso son más cifras negativas al balance.

Sin ser erudito en la materia, el panorama parece comprensible para cualquier persona,. La competitividad del agro colombiano es por lo menos mala, si no desastrosa.

Pero hasta ahí, mediante este recuento y desmenuzamiento del problema, simplemente para ayuda de comprensión , hay que decidir si se queda en el lado del problema o si se vuelve propositivo, mediante el análisis, para empezar a hacer parte de la solución. Quizás lo más importante de entender en esta discusión de competitividad del agro, es que no se trata de un sector de la economía más: sin agro viable y competitivo, no habrá paz jamás. Sin paz, se condiciona no sólo la competitividad del mismo agro (como se anotó anteriormente), sino que se condiciona la real competitividad de todo el país. Y ahí están involucrados el 70% de los habitantes que van a lo rural solo de vacaciones.

Hay que invitar a sacar conclusiones de lo que se ha sabido ahora que estalló esta crisis del agro, y que se viene sembrando, quizás, desde que Colombia es república.

No hay que detenerse en lo obvio: hacer las cuentas bien y establecer salvaguardias, controlar los precios y márgenes en la producción y distribución de insumos, que las agremiaciones de la agricultura realmente hagan su tarea y logren ahorros sustantivos por compra o producción de insumos en masa y venta sin intermediación a sus afiliados campesinos, hacer carreteras terciarias y vecinales por todo el país a marchas forzadas, profesionalizar al campesino, encontrar el camino a la paz y lograrla, que las agremiaciones de la agricultura realmente hagan su otra tarea y logren ahorros sustantivos en la comercialización en masa de la producción de sus afiliados campesinos sin intermediación que encarezca los costos para llegar a los mercados; no es tan difícil concluir todo esto. Hay unas tareas relativamente fáciles, que deben hacer bien los funcionarios encargados de la política comercial exterior y los de agricultura (los encargados de los TLCs), que han debido hacer bien pero que los resultados muestran que tal vez no; pero hay otras que parecen cuasi imposibles.

¿Por qué llegamos hasta este estado de retraso y gravedad, tan grande, que podría ser prácticamente imposible de solucionar?

Entonces hay que echar mano al método más poderoso y simple cuando de solucionar un problema se trata, y preguntarse ¿cuáles fueron las causas de todo esto? Aquí lamentablemente solo cabe una respuesta, y es compleja: Hemos tenido una crisis de dirigentes, políticos y sociales, que nos han guiado hasta aquí. Y el pueblo colombiano, incluidos los campesinos, ha sido el que ha elegido o se ha dejado elegir esos dirigentes, los pocos relativamente, que se han perpetuado en las posiciones en donde debían guiar el país hacia una prosperidad colectiva, pero a que a la luz de los hechos han fracasado. No sólo en el gobierno, sino en toda clase de dirigencia social, que incluye a los grupos al margen de la ley que hacen parte del gran fracaso. Cada colombiano tiene que reflexionar sobre su propia responsabilidad en ello. Y de ahí en adelante, dejar a un lado los quejidos sin mayor entendimiento de la compleja situación, los partidismos sin mayor conciencia y sólo basados en la publicidad política más aguerrida que los lleva como fanáticos borregos del mercadeo en los medios, y en cambio, estudiar y aprender de política, aprender de lo que pasa en el país todos los días, y en adelante participar, elegir bien, no dejar que elijan otros, exigir que los gobernantes y funcionarios sean competentes, y sobre todo, poner cada uno su propia contribución, mejorando la calidad de su desempeño personal o de sus productos, no importa lo que haga cada quien, dejando la corrupción, y comprometiéndose a construir un país mejor, competitivo, que enfrente al mundo sin temor, no solo en el agro, sino en cualquier sector.

No está fácil, pero hay que lograrlo, so pena de tener un país completamente inviable.

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