La responsabilidad profesional

Cuando se observan las imágenes terribles provocadas por los llamados desastres naturales, específicamente en los terremotos, el sentimiento generalizado de impotencia es muy fuerte. Vidas sacrificadas por fuerzas indomables que casi nadie entiende, y que por tal razón, han inspirado en el humano interpretaciones místicas sobre sus causas desde épocas inmemoriales.

Sin embargo, y aunque no se pueda afirmar con ciento por ciento de certeza, el grado de conocimiento alcanzado por el hombre en materia de construcciones seguras, deja un sentimiento de enorme decepción humana y profesional en quienes se dedican a estas tecnologías, al ver, que pese al fenómeno de la naturaleza, se hubiera podido evitar en gran medida el desastre para los habitantes de la zona afectada. Una cosa es el fenómeno incontrolable de la naturaleza, y otra es el desastre sobre la vida, su consecuencia. No hay desastres naturales, lo que hay es desastres causados por fenómenos de la naturaleza combinados con la falta de preparación para enfrentar tales fenómenos.

Inevitablemente hay que cuestionar el significado de la responsabilidad profesional. En este caso específico, la de los ingenieros civiles que son quienes tienen el conocimiento y deberían haber proyectado, diseñado, construido y mantenido los edificios seguros en los que habite la población. El cuestionamiento es aún de mayor alcance, porque en la práctica, en muchos casos las edificaciones no han contado con ingenieros civiles y han sido diseñadas y construidas por maestros de obra o albañiles sin los métodos y tecnologías requeridos. En todo caso, son los ingenieros civiles los responsables de orientar, exigir y lograr que el Estado vigile, controle y no permita que haya prácticas que terminen en un desastre cuando suceda un sismo.

Esto pasa todos los días en todas las profesiones, con mayor o menor impacto, directo o indirecto, sobre la vida. En este artículo se explorará la responsabilidad profesional para este caso, con algunas referencias a otras profesiones, advirtiendo eso sí, que para todas hay que repensar el sentido de la responsabilidad, apuntando a la preservación de la vida como enfoque supremo.

El diseño y construcción de estructuras seguras, ante la presencia de sismos, ha sido un área de especialización de la ingeniería civil desde hace décadas, lideradas por los profesionales de las zonas de mayor afectación como en Japón y California. La tecnología ha alcanzado el grado tal, que en las construcciones sismo-resistentes se busca con un buen nivel de certeza, que la edificación no solo no produzca muertes a sus habitantes y quede en pie después del sismo, sino que siga sirviendo después del evento. Eso es una construcción segura. Más allá, también se podrían clasificar coloquialmente como construcciones sismo-resistentes, aquellas que usan elementos que son capaces de disipar o atenuar los efectos de la energía del sismo sobre la estructura, y así, hacerla más segura y eficiente en costos.

Se conocen también las zonas más expuestas a la amenaza de movimientos telúricos en la tierra, y en qué medida, conocimiento logrado por la geología y la geotecnia, también áreas de conocimiento profesional, que han permitido desarrollar la forma en que los humanos podemos enfrentarlos, atenuando sus consecuencias de manera razonable al reducir la vulnerabilidad ante los eventos que pueden suceder (ver concepto de riesgo: amenaza + vulnerabilidad, http://www.elmundoesnuestrameta.com/libro/riesgo-percepcion-o-analisis/).

En Colombia, no solamente se conoce ampliamente esta tecnología, sino que es el único país en el mundo en el cual tiene la fuerza de una ley, lo cual quiere decir que es de obligatorio cumplimiento. Pero en general, todos estos avances están a disposición de los ingenieros civiles del globo. Cuando sucede un desastre, como el reciente en Ecuador, hay que hacer muchos cuestionamientos, no solo a los profesionales de la ingeniería civil, sino a esa colectividad de humanos como un todo, que pese al conocimiento disponible con base en el cual se hubiera podido evitar en gran medida el resultado tan funesto, fue incapaz de preservar la vida de muchos de sus miembros. Lo más probable es que la situación sea similar en todos los países y regiones del mundo, en un mayor o menor grado.

  • En primer lugar, todo aquel que sea ingeniero civil, y esté dedicado al diseño, construcción o mantenimiento de estructuras (edificios, puentes, etc), está obligado a conocer, saber y aplicar el estado del arte que haya logrado el mundo en cuanto a estructuras seguras, que preserven la vida. No hay ninguna disculpa ni justificación profesional al respecto; y no tiene que ver con el marco jurídico establecido, porque aun si no existiera, lo justo es conocer y aplicar la tecnología disponible en el mundo y preservar la vida, así lo legal no lo exigiera. Es una obligación de carácter moral y profesional.
  • En segundo lugar, todo aquel que esté dedicado, en razón de sus oficio, a promover, contratar y controlar directamente o indirectamente, el diseño, construcción o mantenimiento de estructuras, está obligado a conocer el estado del arte, y apoyarse en expertos ingenieros civiles para exigir que quienes se dediquen a la construcción de edificaciones lo hagan conociendo, sabiendo y aplicando ese estado del arte. No importa su profesión, muchas veces el derecho o las finanzas, tienen el deber moral y profesional de conocer las implicaciones de su oficio en términos de preservación de la vida. En esta categoría están quienes promueven y sacan utilidades del negocio de la construcción (vivienda, civil), y contratan a los diseñadores, constructores y mantenedores.
  • En tercer lugar, todos aquellos que pertenecen al Estado, y en razón a su oficio tienen conexión directa o indirecta, en cualquier forma, con la prevención de este tipo de desastres. El Estado, por definición, es el representante de la población para que colectivamente se haga y se logre lo correcto en favor de la misma colectividad que representa. En este caso, lo correcto es la aplicación generalizada del estado del arte en el mundo para lograr que las construcciones en que vive la población, sean seguras, tan seguras como lo que posibilite ese estado del arte. Incluyendo sus permanentes actualizaciones, generadas por el conocimiento incremental de la especie humana en este campo, mejorando en forma continua el mismo estado del arte. Esto se refiere principalmente a los dirigentes, quienes sin importar su profesión, desde abogados, economistas y hasta médicos, tienen la obligación sagrada frente a su colectividad de preservar la vida. Y que para tal efecto, tienen la obligación de apoyarse y asesorarse de los ingenieros civiles que conocen, saben y aplican ese estado del arte alcanzado en el mundo. La responsabilidad se extiende a quienes desde el Estado deben promover, establecer y hacer cumplir (vigilar, controlar y hacer cumplir) el marco legal que estrechamente garantice la preservación de la vida a través de la seguridad de las construcciones en que habitan los miembros de su colectividad. Es decir, todos los dirigentes (congresistas, jueces, directivos de entidades) y todos los funcionarios que directa o indirectamente estén conectados con la obligación y/o posibilidad de actuar en el sentido de esta obligación suprema. El Estado debe garantizar que existan las normas actualizadas y los procesos que van desde la acreditación de los diseñadores estructurales, constructores, revisores, supervisores técnicos, hasta el control de obra durante la ejecución, así como la obligatoriedad de los seguros.

En Colombia quedó consignada en el marco legal, la obligación de diagnosticar las estructuras, actualizarlas o demolerlas, para brindar esa seguridad fundamental a la población. El trabajo se empezó con las llamadas estructuras indispensables (hospitales) y las de atención a la comunidad (colegios, estaciones de bomberos) pero ni si quiera en este obvio segmento de edificaciones se ha logrado totalmente. Pero ¿qué pasa con el resto? La respuesta generalizada es que este es un trabajo sumamente costoso, como si se ignorara que el costo de la invalidez o muerte de personas es incalculable, y que más allá, en un plano únicamente financiero, que los costos de reconstrucción son muchas veces más que los de prevención. Como no es una responsabilidad solamente de los que deben hacer las construcciones, sino de toda la población, que las contratan y adquieren, y en grado superior, del Estado que debe garantizar la vida para sus habitantes, pero son los ingenieros civiles los que tienen el conocimiento específico, y corresponde a éstos, ilustrar y advertir a todos los públicos, sin pausa, para lograr que se hagan todas las acciones de prevención necesarias.

Las profesiones se podrían clasificar según su mayor o menor impacto en la preservación de la vida; la medicina y demás relacionadas con la salud, es directa. Pero no se puede dejar de comprender que un abogado o un economista, con oficios conectados con la concepción y establecimiento de las leyes, que deben por sobretodo la preservación de la vida, no solo tiene relación directa, sino que puede tener incluso de mayor impacto sobre la colectividad que el médico que literalmente puede tenar la vida de otro ser en sus manos. Todas las profesiones y oficios tienen esta conexión con la vida, y por ende tienen la responsabilidad profesional de hacer las acciones correctas y bien hechas.

La palabra responsabilidad proviene de responder. Responder por las acciones hechas y sobre las cuales existen consecuencias, positivas o negativas según se hayan hecho tales acciones. La responsabilidad profesional es el objeto mismo de la profesión. No es verdadero profesional quien no responde por las consecuencias de sus acciones hechas dentro del ámbito de su profesión.

Todo esto tiene que ver directamente con la competitividad de un país. Tanto la alimenta como se nutre de la responsabilidad profesional, permanentemente. Cuando todos profesionales de un país actúan siempre con honorabilidad, génesis de la responsabilidad profesional, los costos de las transacciones son menores, porque disminuyen los conflictos y la ausencia de ellos es mucho más económica para la sociedad; también hace al país confiable, atractivo para el desarrollo de cualquier industria o arte, y el país tiene mejor oportunidad de tener desarrollo y prosperar que cualquier otro que no tenga esa característica ideal. Un ejemplo sobresaliente es Japón, en el cual su cultura de honorabilidad se permea a todas las profesiones, y logra ser uno de los países más competitivos del mundo, sin tener mayores recursos naturales.

Foto tomada de: http://www.metroecuador.com.ec/noticias/

1 Comentario

  • Arte dice:

    buen post, pienso que esta responsabilidad profesional no cabe en duda debe de tener en cuenta todos los aspectos que que se puedan dar, como estos son los riesgos que se pueden dar, excelente post acerca del tema, saludos.

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