La ética práctica

Se recomienda leer primero La ética global (Fonseca Zárate, 2020).

En su momento, Hardin estaba especialmente preocupado por el crecimiento de la población, al entender que los recursos disponibles de la tierra eran finitos, y por lo tanto una tasa de crecimiento permanente de la población llevaría a la tragedia tarde o temprano; por eso abogaba por la coerción como estrategia de contención del crecimiento para preservar la lógica del bienestar para todos (Hardin, 1968). La coerción es la forma general para indicar las reglas que la misma sociedad se auto-impone para regularse, vía leyes, impuestos y otras formas de control.

Sus detractores clamaban porque las libertades individuales se veían amenazadas con estas medidas de coerción, en un mundo que todavía no sentía el problema, pero que evidentemente él sí visualizaba. Hay que aceptar que la mayor parte de la gente prevé consecuencias de corto plazo, pero muy pocas personas prevén consecuencias de largo plazo.

Desde su visual de los años 60, ya estaba reclamando por el uso de impuestos o instrumentos similares, que limitaran el uso de recursos como el agua y el aire, porque su uso libre, basado en la decisión particular y egoísta de cada persona terminaría afectando a todo el mundo. Hoy, esta realidad está sobrepasando por lejos su anticipación. Planteó tempranamente un curso de acción brillante al respecto, que ayuda a resolver el cuestionamiento principal: a situaciones cambiantes, cambia también la racionalidad con que se toman las decisiones. Me atrevo a complementar: puede incluso también cambiar la ética dependiendo de la magnitud del cambio de la situación.

Si se hubiera reconocido el costo de los usos ambientales en su momento, como hoy se le llama a la utilización de los recursos naturales, bien fuera por vía de impuestos, o de tasas que representaran la reparación o la recuperación del estado inicial del recurso para uso de la humanidad, se hubiera dado un marco diferente para la racionalidad de las decisiones, aún sin tener que apelar a la razonabilidad que habla Savater (Savater, 2008).

Ahora es fácil decirlo porque estamos viendo ya las consecuencias de su agotamiento. Aunque hubo unos pocos, como Hardin, que previeron las consecuencias de largo plazo, pudo más el inmediatismo y egoísmo del capitalismo imperante, – de las utilidades ya – fin último, e incluso tuvo más peso la ética de las libertades individuales que impidió reconocer la tragedia venidera para toda la humanidad. Una curiosa, pero popular inteligencia desarrollada a partir de premisas no correctas, que ahora tenemos el enorme reto de corregir este error estructural para reformular el desempeño de la humanidad sobre la faz de la tierra, y obtener un resultado colectivamente inteligente (Innerarity, 2019).

En un nuevo orden, el industrial que quisiera explotar un mineral, debería contabilizar entre su estado de resultados la reparación de los daños ambientales, con el consecuente traslado de esos costos al precio, y ese efecto precio sobre la demanda determinaría si aún habría estímulos para producir y mercadear, o si por el contrario habría que innovar hacia nuevas formas de productos y servicios; también habría límites desde los cuales no estuviera permitida alguna actividad, no por efectos de mercado sino de regulación.

Por ejemplo, el desuso total de los motores de combustión en los buses urbanos podría llegar por vía del costo adicional de reparar la contaminación producida, sumado al mayor costo que implica toda la tecnología para evitarla, o porque los ciudadanos no toleren más una menor calidad del aire a la que se alcance cuando la gran mayoría de los vehículos ya no contaminen. No se nos haga raro que en no más de unos 20 años se piense que lo que vivimos en la actualidad de las ciudades más pobladas perteneció a una época bárbara, absurda, en que buses y autos las contaminaban asfixiantemente y los ciudadanos estaban condenados al mal aire que respiraban, y no será fácil entender bien cómo se generó semejante estupidez colectiva.

Ese nuevo capitalismo, o capitalismo sostenible como lo llaman modernamente algunos autores, el del cambio del marco de reglas e incentivos que incorporen a la naturaleza como recurso valiosísimo, finito y en muchos casos ya escaso, para así también cambiar la forma en que las personas decidan el consumo de productos, deberá necesariamente incorporar la economía de mercados como parte de la solución, para que sea aceptado con rapidez. De resto, cualquier otro camino que pretenda un cambio completo de sistema, por ejemplo, generará unas enormes fricciones con quienes ostentan posiciones de poder económico actualmente, y razones para seguir polarizando y luchando para conservar sus privilegios, mientras se pasa el tiempo valioso que ya no tenemos, y con el riesgo de no concluir en el final feliz de ninguna iniciativa. Aunque las reclamaciones sean justas y lógicas, en torno a la inequidad, la concentración de la riqueza, y las pocas esperanzas de vencer la pobreza, es más probable que una transición con fórmulas provenientes del mismo capitalismo de mercados sea no solo más viable sino más rápida. Es factible que algunos ricos puedan ser más ricos sin corrupción, pero que se logre el objetivo del aumento de la calidad de vida para la mayoría de la población, equidad en todos los servicios básicos que presten los Estados, la salida de la pobreza para la mayoría y el rescate del equilibrio del ser humano con la tierra, que es lo que realmente importa.

Paradójicamente, teniendo en cuenta esta perspectiva, la solución dependería de unos poquísimos líderes políticos en las naciones líderes. Pero esa es también su mayor dificultad, dada la corriente de populismo, polarización y nacionalismo que han sobrevenido, en los que generalmente se privilegian las reglas del neo-liberalismo, dada la captura que en la práctica ha sufrido el poder político por parte del poder económico. Este asunto es tan grave que podría ser la causa raíz de una democracia desvirtuada en su esencia, que observamos en el mundo “democrático” y que profundiza todos los males de la economía actual. El reciente fracaso de la COP25 en Madrid es un reflejo de esta realidad.

La otra via, es cambiar a esos líderes, un camino aún más largo que pasa por la educación generalizada de la gente en política, para que mejore su comprensión y criterio y aprecie su voto en el momento de elegir a sus representantes. Hay que aceptar que esos líderes son los que han sido elegidos en sus respectivos países, algunos con mayorías simples escasas, pero que al fin y al cabo representan lo que en esos países gran cantidad de su gente piensa. Esa es la realidad. Para esta vía juega en contra que debe comprenderse que la racionalidad es también muy relativa a la cantidad de educación e información que disponga una persona, o incluso, más complejo aun, a la cantidad y calidad de información que quiera usar, selectivamente, ahora que la polarización actúa como un interruptor para apagar la racionalidad.

Sorpresivamente, en el frente privado, y en el seno del poder económico, sí hay mejores noticias. Las más grandes corporaciones de Estados Unidos reunidas en el casi mítico Business Roundtable, y lo mismo dentro del Foro Económico Mundial que congrega a las grandes corporaciones mundiales, han empezado a adoptar doctrinas empresariales en donde se reconoce su enorme impacto sobre la sociedad y la tierra, además de sus empleados y clientes, y la convicción que no solo hay responsabilidades para con sus accionistas. Recientemente han emitido sendas declaraciones de que “no todo vale” para hacer dinero. Jalonado por el lado privado el mundo ha emprendido una transición que abre una gran luz de esperanza, no obstante, los líderes políticos de Estados Unidos, Rusia y China no hayan querido emprender en Madrid el camino correcto al rescate de la tierra para todos sus habitantes. Lo que podremos esperar es que a través de esa mayor conciencia también se trasforme su influencia sobre el poder político y comience a variar la posición de los países en las conferencias internacionales al respecto.

Mientras todo esto va madurando, que seguro ya no será tan lentamente, cada quien, por su cuenta, debería reflexionar con Salvater, y apelar a su razón para cambiar la forma en que toma sus decisiones cotidianas, y ser éticos por encima de su propia racionalidad.

Con un nuevo sentido ético, práctico, que debe conducirnos a comprender que es necesario apuntar a que el bien común sea piedra esencial del bien propio y derrotar el egoísmo predominante, que solo les funciona aparentemente bien a unos pocos y muy mal a la mayoría. Necesariamente esto nos debe llevar a reconsiderar el corto plazo como fuente de fijación de metas, y siempre estar evaluando los efectos en el largo plazo, aunque ya no existamos, pero sí nuestra descendencia. Un nuevo marco lógico, en el cual el uso de una inteligencia más sofisticada permita comprender que solo a través de la prosperidad colectiva se logra maximizar la prosperidad propia. De paso implica, en forma paradójica, que resulte victoriosa una renovada racionalidad; especialmente para aquellos que ya tienen fortuna.

El mayor resultado posible sería que con base en un movimiento creciente de gente con inteligencia colectiva, se lograran cambiar paulatinamente a los líderes de las naciones, por unos que garanticen este nuevo sentido ético, y así acelerar el enorme cambio necesario. Nada más práctico sería que, al cambiar los ideales del sistema económico y social, corporaciones y personas cambiaran también masivamente su comportamiento como seres interdependientes con los demás humanos y de todas las demás formas de vida sobre la tierra.

Bibliografía

Fonseca Zárate, R. (19 de febrero de 2020). La ética global. Obtenido de El mundo es nuestra meta: http://www.elmundoesnuestrameta.com/libro/la-etica-global/

Hardin, G. (ol. 162, Issue 3859, pp. 1243-1248. de 1968). The tragedy of the commons. Obtenido de Science Magazine: https://science.sciencemag.org/content/162/3859/1243

Innerarity, D. (26 de mar de 2019). La estupidez colectiva. Obtenido de EL PAIS: https://elpais.com/elpais/2019/03/25/opinion/1553524448_309221.html

Savater, F. (7 de feb de 2008). Lo racional y lo razonable. Obtenido de EL PAIS: https://elpais.com/diario/2008/02/07/opinion/1202338804_850215.html

Schwartz, B. (July/August de 2009). Tyranny for the Commons Man. Obtenido de The National Interest: https://nationalinterest.org/article/tyranny-for-the-commons-man-3153

 

Fotografía tomada de Diario Femenino

Categories: Liderazgo, Riesgo

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