El valor del riesgo

Producto del asombro y de la enorme preocupación por los eventos muy graves que han sucedido en proyectos de ingeniería los últimos tiempos, hemos tenido múltiples presentaciones y discusiones en la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI), en las que he tenido el privilegio de participar, y con base en las cuales he podido profundizar en lo que podría llamarse la teoría del riesgo (pero no la que se estudia en Derecho, sino la aplicable a los proyectos de ingeniería) llegando a algunas reflexiones que me propongo explicar a continuación, con la ilusión de aportar al debate que debemos asumir en el país cuanto antes. No obstante usar como ejemplo los temas actuales de ingeniería, las conclusiones extraídas de los casos que comento, son parte del análisis de riesgo que resulta perfectamente aplicable, con su necesaria escala, a cualquier tipo de situación en cualquier tipo de negocio, incluso en los asuntos personales.

En una conferencia del ingeniero Gallego-Silva (Gallego-Silva, 2018) durante una sesión de la Comisión Técnica Permanente de Estructuras y Construcción de la SCI (Sociedad Colombiana de Ingenieros, 2018) usó una definición integral del riesgo mediante la reescritura de la función de costo de un proyecto cualquiera, que he modificado aquí para hacerla entendible para cualquiera, aunque no sea ingeniero:

Costo del proyecto = Costo de diseñarlo y construirlo + Costo del riesgo asumido[1].     (1)

El costo de diseñarlo y construirlo no tiene mayor necesidad de ser explicado, salvo que el nivel de tecnología con el cual se realizará el proyecto es también parte del segundo miembro de la suma, ya que, en términos generales, resultará inverso al costo del riesgo asumido: a más tecnología utilizada menor el costo del riesgo asumido. Este costo total es el que debe enfrentarse a los beneficios esperados del proyecto (la famosa relación Beneficio/Costo). Especialmente en el momento de la toma de decisiones sobre alternativas, bien sea de todo el proyecto o de las partes importantes del mismo. A su vez, los beneficios deben ser también calculados con base en la vida esperada del proyecto teniendo en cuenta que es inversa al nivel de riesgo asumido por la tecnología usada. Entiéndase aquí la palabra tecnología en su acepción más general: conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico (RAE).

En el caso de las obras de ingeniería, en el que el riesgo puede involucrar la pérdida de muchas vidas, no es admisible que se piense en que el ingeniero a cargo pueda “jugársela” y asumir ese riesgo. No habría forma de asumirlo, a no ser que ese riesgo asumido sea construyendo su propia casa (para explicar esto en el absurdo, haciendo un parangón con el código del rey Hammurabi en Babilonia, unos 18 siglos antes de la era cristiana). Pero hay que recordar que la frontera del conocimiento científico, en las diferentes disciplinas, no ha llegado a establecer con certeza absoluta el comportamiento de los materiales, de la corteza terrestre o del clima. Aun cuando por esta razón siempre habrá una posibilidad de que algo no funcione como se creía, no resultaría válido que el ingeniero no aplique la tecnología en la frontera del conocimiento científico disponible en el momento del diseño y construcción, y asuma riesgos a nombre de quienes van a habitar, a usar o a ser influenciados por una obra de ingeniería. El desconocimiento del avance científico en una disciplina determinada, no puede justificar su no aplicación, y por lo tanto el ingeniero (o el profesional en general) tiene la obligación de mantenerse al día en todas las materias de su disciplina y aplicarlas a sus realizaciones (Fonseca, La responsabilidad profesional, 2016).

Los códigos, normas y recomendaciones técnicas no son otra cosa que poner un límite mínimo (o máximo, según sea el caso) a los parámetros de diseño y a los procedimientos de construcción, extraídos de ese conjunto de teorías y técnicas alcanzados por el conocimiento científico hasta el momento, para que toda construcción cumpla al menos con esos límites debido a que la humanidad ya ha aprendido que por debajo de ellos el riesgo es inminente[2]. Pero ese conjunto de recomendaciones no se puede tomar como una receta infalible. Las decisiones del diseño deben tomarse de acuerdo con las condiciones particulares del proyecto, que necesariamente obligan al análisis del riesgo que tengan las alternativas posibles, y que precisamente por ello es que se requieren profesionales con conocimientos y mucha experiencia. Los conocimientos se adquieren con relativa velocidad en las universidades, pero la experiencia no. Y, cuando se habla de riesgos, lo más importante es la capacidad de visualizarlos y analizarlos, para lo cual es determinante una gran experiencia.

¿Qué es una gran experiencia? El valor de la experiencia se debe a que, al haber estado expuesto a diversos casos sobre la misma disciplina, buenos y malos, exitosos y fallidos, especialmente aquellos en los que hubo problemas, el profesional pudo haber reflexionado sobre cuáles fueron sus causas, sobre todo aquellas que se ignoraron originalmente y la forma en que se resolvieron. Quien ha estado muchos años expuesto al mismo caso, no tiene experiencia sino en ese caso. Un experto es aquel que ha tenido múltiples y variadas experiencias sobre una misma disciplina, lo que no solo le ha permitido haber profundizado en ella, sino que ha podido poner a prueba la teoría y la técnica en todo tipo de casos reales y ha tenido que lidiar con las limitaciones del conocimiento alcanzado por la humanidad cada vez que surgieron los problemas.

Pero en éstas épocas en que la acumulación de títulos universitarios es más importante que la experiencia, no es de sorprender que la participación de expertos en la visualización y análisis de riesgos en los proyectos sea limitada o incluso, omitida. De la misma manera en que no sorprende el mal uso de los códigos como recetas.

Usualmente, el estudio de los riesgos de los proyectos relacionados con el Estado se hace a través de las conocidas matrices de riesgo (Colombia Compra Eficiente). Aunque correctamente intencionadas, con su práctica se puede estar aislando de la toma de decisiones en el diseño y en la construcción, el riesgo asociado a ellas. Esta forma de separar el análisis de decisiones del análisis de riesgo y, además, desterrarlo al mundo cualitativo, es cuando menos un error de concepto, que puede estar haciéndonos mucho daño.

Si se toma una decisión con base en los beneficios y en el costo de ejecución (diseño y construcción), sólo con criterios financieros (incluyendo el tiempo de ejecución) y en otro momento muy diferente se analizan los riesgos asociados a tal decisión (el momento de hacer la “tarea” de la matriz de riesgos) es muy posible que ni siquiera se involucren sus riesgos inherentes, debido a la orientación general del análisis en la matriz que puede desdibujar los riesgos específicos de la decisión.

Analizar los riesgos en el momento mismo de tomar la decisión es una condición importantísima, pero no suficiente. Se requiere que se evalúen cuantitativamente, de la misma manera como se hace con las inversiones y operaciones, puesto que es la única forma de hacerlo con el rigor necesario al mismo nivel de detalle que las evaluaciones económicas de costos y beneficios.

Lo que se observa generalmente no es una buena práctica: cuando se analiza la matriz de riesgos, se citan a unos expertos de contenido (que saben de la disciplina), se hace un panel de expertos que opinan (técnicamente) y clasifican las alternativas que entran en la decisión para que, sólo desde el punto de vista de su disciplina, se pueda saber el orden relativo entre sí (entre las alternativas). Pero no se evalúa cuál es su impacto en costos en caso de suceder un evento (los costos tangibles y los intangibles), su probabilidad de ocurrencia estimada con el rigor posible, y, por lo tanto, no se puede incluir en el análisis completo de la ecuación (1) de costos totales.

Es posible que se argumente que esta deficiente práctica surge por la dificultad de hacer los análisis cuantitativos con los costos que representan los riesgos. Un ejemplo muy interesante fue la aplicación de estos principios en el estudio que desde la SCI hicimos para la ANI con el objeto de sugerirle la mejor alternativa para el trazado de la carretera entre Villeta y Guaduas, en Cundinamarca, dentro del tramo 1 de la Ruta del Sol. Proscribimos los paneles de expertos (análisis cualitativos, relatividad entre alternativas, especializados en una sola disciplina), y nos exigimos que todos los criterios que entraban en la estructura de calificación de la decisión debían ser evaluados por su costo, incluyendo aquellos criterios que representaban el riesgo (un ejemplo muy relevante en esta discusión: el riesgo geotécnico[3]); con esto, además, eliminamos de tajo la necesidad de hacer la tarea de la matriz de riesgos en otro momento y su discutible resultado, y con el mismo rigor calculamos beneficios, costos y riesgos (Fonseca, Método del Mínimo Costo Multi-Criterio para escoger técnica y transparentemente la mejor alternativa para grandes proyectos, 2015). Cuando se cuantifica el costo del riesgo se le da el valor que realmente tiene, los profesionales a cargo entienden su verdadera magnitud, le toman mayor respeto, y les permite actuar con mayor consecuencia dentro de la toma de las decisiones. ¡Éste es el valor del riesgo!

Recientemente, en Colombia hemos estado en vilo y sumidos, con incertidumbre y tristeza, por lo que está sucediendo en la Hidroeléctrica de Ituango (en la fecha de escritura de éste artículo) (se puede ver información general de HidroItuango en su página oficial (EPM, s.f.)). Es un caso de estudio obligado, que voy a usar para ilustrar el concepto anterior. Hay que anotar que los análisis posteriores a los hechos son siempre muchas veces más fáciles que los que se hacen antes de ellos, por obvias razones; pero es así como aprende la humanidad y es así como se amplía la frontera del conocimiento científico y por lo tanto nos corresponde hacerlos, especialmente en torno a la toma de decisiones y riesgos. También hay que advertir que no está disponible toda la información oficial necesaria para un análisis riguroso de la causa, ni es el momento de hacerlo, por cuanto todo el esfuerzo de los actores principales debe estar concentrado en resolver la dura situación. No obstante, eso no impide hacer algunas reflexiones sobre mejoras posibles para la teoría del riesgo que nos ocupa.

El posible mecanismo de falla que disparó la crisis, a juzgar por las informaciones que los profesores de la Universidad Nacional (sede Medellín (UN Facultad de Minas Medellín, 2018) y sede Bogotá (UN Anáilsis UN-Radio, 2018)) han comentado, es el siguiente: se construyó un tercer túnel de desviación en una cota poco más o menos 50 metros más arriba que los dos túneles originales, los cuales fueron taponados con el objetivo de que la represa se fuera llenando parcialmente y hasta la cota del nuevo túnel; el objetivo era ganarse un año en el llenado de la presa, procedimiento que sólo debe hacerse durante la temporada anual de verano, en forma lenta. Se suponía que mientras se terminaba de construir la presa y la casa de máquinas, con una parte del volumen de agua ya represado, en el verano 2018 se podría completar la cota requerida para poder empezar a generar, en primera fase, en noviembre de este mismo año. Esta decisión debió ser tomada un tiempo importante atrás para alcanzar a construir el nuevo tercer túnel. Al parecer, algún derrumbe en el túnel sumado a caudales de invierno, aumentó el nivel del agua ocasionando que el túnel dejara de trabajar a flujo libre, generando presiones negativas sobre las paredes en su bocatoma (entrada), causando un posible efecto de succión (con base en el registro gráfico de un cráter que se formó en el lugar) que terminó taponando el túnel; días después se destaponó naturalmente, dando origen a una crecida aguas abajo afectando las poblaciones ribereñas. Lamentablemente se volvió a presentar un derrumbe de la ladera (movimiento en masa) sobre la bocatoma del túnel, posiblemente relacionado con el mismo súbito nuevo nivel de las aguas, taponándolo indefinidamente. Este evento dejó sin control al proyecto y lo convirtió en una enorme amenaza para cientos de miles de habitantes aguas abajo. El resto de la descripción del problema se puede consultar en las fuentes usadas y en las publicaciones que a diario salen en los medios y en la página oficial de EPM, dueña del proyecto (por fortuna, a la fecha de este artículo reporta que al menos la situación es más estable, retomando el control, poco a poco). También debe mirarse la versión del gerente de Integral Consultores (diseñador y asesor del proyecto) que sostiene que lo sucedido era imprevisible (El Colombiano, 2018)

Es muy importante revisar el momento de la toma de la decisión, para encontrar el tipo de mejoras que podríamos necesitar en la evaluación de riesgos. Independientemente del mecanismo de falla, el hecho de tener un solo túnel de desviación privaba al proyecto de un mecanismo de contingencia por si se presentaban problemas como los que efectivamente se presentaron.

En la matriz de riesgo disponible en internet aprobada para la licencia ambiental de 2011, se pudo observar que el riesgo de remoción en masa se clasificó como “remoto” (Ilustración 1) (debido a que el cálculo de la probabilidad fue del 1.2% según (Rodríguez, 2011)). Para calcular la probabilidad de ocurrencia de un evento así, se requiere mucho conocimiento de la hidrología, de la situación geotécnica de la zona y una enorme experiencia, las cuales, con seguridad, se encontraban presentes dado el tamaño e importancia del proyecto; como lo explicó el gerente de Integral (empresa diseñadora y asesora del proyecto) el tiempo previsto de exposición a la amenaza (menos de un año) hacía prever aun una menor probabilidad (W Radio, 2018). Pero, no obstante, se tenga una probabilidad de ocurrencia de un evento muy baja, si el impacto del evento es enorme debe considerarse con mucho cuidado la combinación entre los dos números. Dicho de otra forma, no necesariamente porque la probabilidad sea muy baja se puede descartar el riesgo; depende también del tamaño del impacto de un evento.

Un ejemplo práctico muy importante al respecto, es que los edificios están expuestos a los terremotos con una probabilidad sumamente baja, y sin embargo hemos tomado todas las prevenciones en el mundo entero, incluyendo el marco legal que tenemos en Colombia (Congreso de la República Ley 1796, 2016), que establece incluso que ante un evento severo la estructura puede dañarse, pero no colapsar, claramente buscando preservar la vida de sus habitantes.

En el momento de una decisión como la descrita, el beneficio (de la decisión) era la suma de todas las implicaciones económicas de la recuperación del tiempo (generación lo antes posible y evitar las costosas multas del sistema eléctrico nacional debidas a que el proyecto se encontraba atrasado frente al compromiso de inicio), y los costos tenían que ver con construir el tercer túnel y todas sus actividades conexas. Mientras que el costo del riesgo, calculado como la probabilidad del evento multiplicado por su impacto, en donde la probabilidad era muy baja, pero el impacto altísimo, e incluso incalculable: si el evento ocurría (como en efecto ocurrió pese a la muy pequeña probabilidad) podía poner en riesgo no solo el beneficio de la decisión, sino el beneficio de toda la hidroeléctrica (el beneficio del proyecto) hasta incluso extinguirlo, más la afectación de las poblaciones aguas abajo, cuya recuperación podría costar ingentes sumas de dinero, sumado al valor de la vida de miles de personas (que debe tender a ser incalculable, pero en todo caso, altísimo). Es decir, que muy difícilmente una decisión así podría pasar una evaluación de Beneficio/Costo si se tienen los costos del riesgo incluidos en el cálculo del costo (mediante la ecuación (1)). Aunque la probabilidad fuera bajísima, resultaría muy difícil “tomar” ese riesgo.

Para fines de avanzar en la teoría del riesgo en los proyectos, que debemos ajustar a partir de los casos lamentablemente graves que se van presentando, y en especial de éstos de enorme trascendencia, las primeras recomendaciones que se pueden derivar, podrían ser las siguientes:

  • Siempre existirán las presiones financieras sobre las técnicas (de ingeniería). Es natural que se comparen los beneficios con los costos, y se tomen decisiones con base en la lógica económica. De aquí en adelante, en cada análisis de una decisión deberían incluirse los costos del riesgo que impliquen las decisiones como parte del costo total.
  • Se requieren análisis de riesgo muy bien elaborados, en el momento mismo de la toma de decisiones, y no en otro tiempo, con otras personas, con otro rigor y en forma aislada[6]. Estos análisis deben estar muy bien soportados, tanto en la evaluación del impacto de un evento, como en la estimación de la probabilidad de ocurrencia. No necesariamente una pequeña probabilidad de ocurrencia puede descartar un riesgo; si su impacto es enorme y puede conllevar la pérdida de vidas, su peso en la fórmula de costos (1) será fuerte y podrá voltear las decisiones con base en la relación Beneficio/Costo.
  • Para esos análisis de riesgo como parte integral de las decisiones, se requieren expertos de contenido (de las varias disciplinas confluyentes), que hayan estado expuestos durante su vida a muchos diferentes casos, que les permitan visualizar riesgos que otros definitivamente no podrían, y, sobre todo, defender su análisis ante cualquier foro de proyecto, incluso cuando la jerarquía de los propietarios y sus financieros se haga sentir. Parece recomendable incluso, que sean expertos externos, que ayuden a comprender que tener un análisis severo de riesgos es la mejor ayuda financiera para los accionistas y prestamistas. Estos expertos de contenido deben trabajar en equipo con los expertos en riesgo (de método) pero nunca, ni los unos ni los otros trabajando solos o por aparte.
  • El oficio de visualizar los riesgos del proyecto y analizarlos, debe ser tan respetado como los de diseñar o construir, y no se debe tratar de minimizar su resultado tildándolo de fatalista, pesimista extremo, etc. Debe considerarse una disciplina de máxima importancia, de la cual dependen entre otros, los mismos actores económicos, tanto accionistas como prestamistas, y en general todos los públicos relacionados. Lo que no nos podemos permitir es caer en el estado de “optimista-ingenuo” en el cual, animados por atractivos beneficios del proyecto no hagamos análisis profundos del riesgo, y tomemos decisiones sin comprender de qué tamaño es.

Pero por encima de toda consideración debe estar la vida y no las expectativas económicas. La vida, incluye, la de personas y animales y, no menos importante, la de la tierra. El ejercicio profesional debe estar enfocado a satisfacer las necesidades del desarrollo, pero siempre dentro del objetivo superior de la preservación de la vida, y nunca que el desarrollo llegue a justificar ningún sacrificio de la vida. ¡No hay tal justificación!

 

Ilustración 1

Matriz de Riesgos del proyecto HidroItuango en 2011. Obtenido por el incansable investigador Ing. Jose Joaquín Álvarez[4] de las páginas oficiales del proyecto a los pocos días del evento, que ya no están accesibles[5].

Referencias

Colombia Compra Eficiente. (s.f.). Manual para la Identificación y Cobertura del Riesgo en los Procesos de Contratación. Obtenido de Colombia Compra Eficiente: https://www.colombiacompra.gov.co/sites/default/files/manuales/cce_manual_riesgo_web.pdf

Congreso de la República Ley 1796. (2016). Ley 1796. Obtenido de Sistema único de información normativa: http://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?id=30021686

El Colombiano. (08 de 06 de 2018). Obtenido de El problema en Hidroituango es único en el mundo: http://www.elcolombiano.com/antioquia/hidroituango-entrevista-con-el-disenador-del-proyecto-NM8824825

EPM. (s.f.). Hidroeléctrica Ituango. Obtenido de https://www.hidroituango.com.co/

Fonseca, R. (2015). Método del Mínimo Costo Multi-Criterio para escoger técnica y transparentemente la mejor alternativa para grandes proyectos. Obtenido de El mundo es nuestra meta: http://www.elmundoesnuestrameta.com/libro/metodo-del-minimo-costo-multi-criterio-para-escoger-tecnica-y-transparentemente-la-mejor-alternativa-para-grandes-proyectos-caso-ruta-del-sol-de-la-ani-1/

Fonseca, R. (2016). La responsabilidad profesional. Obtenido de El mundo es nuestra meta: http://www.elmundoesnuestrameta.com/libro/la-responsabilidad-profesional/

Fonseca, R. (2016). Riesgo: Percepción o análisis. Obtenido de El mundo es nuestra meta: http://www.elmundoesnuestrameta.com/libro/riesgo-percepcion-o-analisis/

Fonseca, R. (s.f.). Riesgos que no dan espera: Yopal y Tumaco (3 partes) ¿Quién es el responsable ante un riesgo de desastre? Obtenido de El mundo es nuestra meta: http://www.elmundoesnuestrameta.com/libro/riesgos-que-no-dan-espera-yopal-y-tumaco-parte-13-quien-es-el-responsable-ante-un-riesgo-de-desastre/

Gallego-Silva, M. (2018). Balanceo de los costos de las edificaciones para fines de diseño. SCI-CTP Estructuras y Construcción. mgallego@binaria.com.co.

RAE. (s.f.). Diccionario de la lengua española. Obtenido de http://dle.rae.es/?id=ZJ2KRZZ

Rodríguez, H. G. (2011). El antojadizo río Cauca. El Espectador. Obtenido de El Espectador: https://www.elespectador.com/opinion/el-antojadizo-rio-cauca

Sociedad Colombiana de Ingenieros. (2018). Comisión Técnica Permanente de Estructuras y Construcción. Bogotá.

UN Anáilsis UN-Radio. (2018). Un análisis: Hidroituango. Obtenido de http://unradio.unal.edu.co/nc/detalle/cat/un-analisis/article/hidroituango.html

UN Facultad de Minas Medellín. (2018). Conversatorio Proyecto Hidroeléctrico Ituango y el Papel de la Universidad. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=2-B3O5Lpmy0&feature=youtu.be

W Radio. (05 de 06 de 2018). Obtenido de Entrevista a Luis Fernando Restrepo Vélez Gerente de Integral Cnsultores,: http://www.wradio.com.co/noticias/actualidad/taponar-tunel-con-concreto-no-es-una-equivocacion-como-lo-han-hecho-ver-gerente-integral/20180605/nota/3758173.aspx

 

Notas

[1] Costo de Riesgo = Evaluación económica del impacto de un evento X probabilidad de ocurrencia del evento. Ver más en (Fonseca, Riesgo: Percepción o análisis, 2016)

[2] La causa de la caída del edificio Space en Medellín en 2013 y posiblemente la del puente Chirajara en la vía Bogotá a Villavicencio en 2018.

[3] Relacionados con las remociones en masa, o coloquialmente conocidos como los “derrumbes”.

[4] Presidente de la Comisión Técnica Permanente de Estructuras y Construcción de la SCI, y miembro destacado de la Asociación de Ingeniería Sísmica, de la Asociación de Ingenieros Estructurales y de la American Society of Civil Engineers.

[5] Esta era la dirección web https://www.epm.com.co/site/Portals/0/documentos/ituango/plan-de-contingencia.pdf

[6] Para fines de presentación y trámite de permisos pueden ser llenadas a partir de los análisis integrales de costos dentro de la toma de las decisiones, los cuales deberían ser su único soporte válido.

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