Análisis “bajo corrupción”

 

Hace unas pocas décadas se hacía el llamado “análisis bajo inflación” que consistía en tener en cuenta la inflación para analizar el desempeño real de las empresas y para calcular los impuestos, evitando así errores de bulto al considerar dentro del crecimiento, uno inercial ligado al fenómeno económico, lo cual era especialmente grave cuando la cifra de inflación no sólo pasaba los dos dígitos, sino que era francamente alta.

De igual manera, deberíamos considerar en el país, que la situación en que vivimos es de franca corrupción, y que hacer los análisis para “lo que debiera ser” no resulta sino en lamentables errores, casi ingenuos, puesto que “lo que realmente es”, es bien diferente como lo muestran los hechos.

Si ya lo sabemos, para qué insistir en diseñar las reglas con las cuales se maneja el Estado, o las reglas de la convivencia entre los ciudadanos, o las reglas con las que se dirigen de las empresas y sus procesos, para “lo que debiera ser”, si desde ya se sabe que se van a tener serios problemas por culpa de la corrupción.

Un ejemplo reciente, muy importante en estos días en Colombia, tiene que ver con la promulgación del nuevo y esperado Código de Policía, al que le han llovido advertencias sobre el poder que se le confiere a esa institución que tiene problemas de corrupción[1], como la historia reciente lo ha mostrado con casos y hechos reales. Necesario el código, pero se avizora que habrá problemas de exceso de autoridad, interpretación a la medida de las normas, uso inadecuado del poder, todo emanado de las situaciones de corrupción que se podrían presentar.

La sociedad se ha acostumbrado a vivir con sus enormes problemas y tal vez por eso, parece normal un dicho como “hecha la ley, hecha la trampa”, que data de mucho tiempo atrás; por cierto, cuando los niveles de corrupción seguramente no eran tan altos como los que se perciben ahora. El punto de inflexión que marque una nueva y esperanzadora forma de pensamiento político que nos lleve a cambios importantes en la cultura reinante, para mejorar, será cuando entendamos que lo que significa realmente este dicho, es que la ley quedó mal hecha, y que se dejó margen para la trampa, no necesariamente en forma voluntaria, pero cuando menos si, ingenua.

¿Para qué sacamos legislaciones que no consultan nuestra realidad de corrupción? ¿Para qué hacemos procesos y procedimientos en las empresas que podrían ser contaminados? Mejor hacer el debido “análisis bajo corrupción” dejando de suponer que las cosas funcionarán del lado del “debiera ser”, y más bien, ¿no someter desde el principio cada ley, cada norma, cada procedimiento, y en este caso especial, el Código de Policía, a una discusión severa de las amenazas y vulnerabilidades existentes por la presencia de corrupción, a todo nivel en las instituciones o en las empresas, pero llamándolas e identificándolas por su nombre para tener la oportunidad de tenerlas en cuenta y evitarlas de ser posible? Así al menos mejoraríamos la posibilidad de acertar y nos ahorraríamos las lamentables consecuencias que a diario se registran.

[1] De ninguna manera debe entenderse que por los casos y hechos salidos a la luz recientemente, pueda afirmarse que toda la institución de la Policía es corrupta; debe entenderse que hay si vulnerabilidad y que las amenazas están en la cultura reinante, y que, por lo tanto, el riesgo es evidente.

Imagen: Arreglo de noticias de prensa obtenidas de eltiempo.com y elespectador.com
Categories: Corrupción, Procesos

1 Comentario

  • Jose M Paz dice:

    La corrupción es el principal problema del país de lejos. Está en todas las instituciones como cáncer que limita el progreso de todos. Hay que ser claros que así como hay corruptos hay también gente honesta, que uno lo ve con sorpresa, pues tiende a generalizar que todos son corruptos en algunas instituciones.
    Enfrentarla como propone Rafael es una visión práctica y aterrizada para obtener resultados reales y lograr combatirla eficientemente.

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